Descripciones.
Intentó suponer.
Aquel niño, no podía dormir; en aquel momento se cruzaron mas de mil pensamientos por la cabeza, de recuerdos de su infancia, momentos de gloria junto a sus compañeros, una afición que tenia de antaños, sus alegrías, sus penas, nombres de personas que habían dejado huellas en su vida y que por cualesquiera fuera el motivo ya no se encontraban; veía sus errores, sus lamentos, caídas, sus infecciones, como se había mejorado de ellas, veía también sus sueños, aspiraciones a corto y largo plazo, en que se veía a su modo, grande, feliz.
Le dolía tanto la cabeza, el dolor subía por su frente y se escabullía por entre sus cabellos , se adueñaba de sus orejas, penetraba. Llegaba hasta la nuca y se espacia por la espalda, como un gusano que viajaba por dentro de sus venas, se apoderaba de sus nervios, controlaba de apoco cada uno de sus moviéndolos, llego a sus piernas, donde ahí decidió acentarce por largo rato. Estremecía a espasmos cada músculo, cada fibra muscular de sus muslos, llegando a sus pies.
Cerro los ojos, hacia lo que siempre debía hacer para dormir:
Imaginarse dentro de un infinito negro y oscuro, caminar, y abrir la puerta del infinito blanco, de algodón y tibio.
No le resultaba.
Cuando se decidió a tomar el toro por las astas, escucho el grito mas desgarrador de su vida, pero era de un niño. Aquel reclamaba, pateaba y se estremecía ante los golpes de un fantasma. Con una máscara perfectamente trabajada, muy bien lograda y con detalles inimaginables.
Detuvo el tiempo tocando con sus dedos el reloj, y nada más se movió por ese instante, se acerco con más pudor que miedo frente a aquel fantasma de mascaras, lo observo y cuidadosamente seco la lágrima que yacía bajo los ojos de aquel fantasma.
Fue un segundo, menos diría yo, en el cual los ojos de ambos se fijaron, y en un solo tiempo, el reloj continuo su marcha, sin permiso de nadie, sin ley ni Dios, comenzó a cobrar cada uno de los segundos robados ante el, y el fantasma creció, y se transformo el mounstro más horripilante que jamás había existido en un sueño, lanzándose sobre el niño que simplemente corría desnudo por aquel infinito de miedos.
Las paredes con pánico se cegaron a las súplicas del niño, que al fin y al cabo; se resignaba a sentir sobre el al más oculto de sus miedos; al más fuerte de sus penas.
Salio de la habitación, dio gracias a la vida, le pidió perdón a su madre, a sus hermanos; corrió sin rumbo fijo a la puerta que encontró más cercana, la cruzo sin miedo.
Cruzo el hemisferio entre razón y emoción, traspaso con mas rabia que convicción la barrera de la lógica, se amarro a la cuerda más fuerte que encontró, y se lanzo en búsqueda de aquel moustro nefasto de su vida. Se había decidido a afrentarlo.
Sin mas que sus manos, y su corazón cómo brújula, entro en el mundo de los sueños, buscando la explicación más lógica a todo, pero allí; la lógica era un absurdo, era utópico.
Encontró en el camino, un vidrio roto, y un cuchillo manchado en sangre.
Se adueño de ambos, pero dentro de si tenia su arma más poderosa. Una fe.
El reloj marcaba las horas distantes como símbolo a lo que sucedería, y entonces solo, se detuvo. En ese momento entendió que la hora del juicio había llegado.
Y, efectivamente, allí estaba. Esperándolo con la máscara blanca, llena de colores rojos y brillos a sus costados.
El niño, sin pensarlo, corrió, corrió y corrió a su alcance, gritando, como aquel mismo que había sentido aquel día, con la garganta destrozada de lamentos y lagrimas en su rostro, un cuchillo en la mano derecha, y su fe en la izquierda, atravesó el umbral del respeto, y cuando menos lo esperaba, el moustro cambio de forma, convietiendoce en lo que siempre quiso ser, en lo que entre sus pensamientos estaba como valor endeble, como su aspiración y su icono.
No soporto más.
Ya no había nada que perder, continuo.
No iba a permitir que el lo viera en esa acción.
Tomo el cuchillo con ambas manos, dejo la fe a un lado, y mirando al cielo, atravesó su pecho, como un lamento más.
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Flavio dijo
Me encanto.... sinceramente... pero me dejo una sensacion de desesperanza... de derrota...
Es trizte... me siento identificado con aquel niño... y la imagen del monstruo es terrorifica...
Felicitaciones por el texto...
21 Mayo 2006 | 09:05